Elaborado por:
Eladio Contreras Reyes, economista
Las elecciones generales de 2020 (5 de julio, presidenciales, congresuales y municipales extraordinarias en contexto de pandemia COVID-19) y 2024 (febreros municipales; 19 de mayo presidenciales y congresuales) registraron los niveles más altos de abstención en la historia democrática reciente del país (post 1961).
En 2020, la participación
fue del 55,29% (padrón: 7.529.932; votantes: 4.163.305; abstención: 44,71%).
En 2024, la participación
presidencial/congresual bajó al 54,37% (padrón: 8.145.548; votantes:
4.429.079; abstención: 45,63%). En las municipales de febrero 2024, la
abstención superó el 53% (participación fue de un 46-47%).
Esta tendencia (abstención
superior al 44% en ambos ciclos presidenciales, frente a promedios históricos
del 20-31% pre-2020) refleja no solo factores coyunturales (pandemia en 2020),
sino un desencanto estructural creciente.
Aunque la Junta Central Electoral
(JCE) no publica desagregaciones detalladas oficiales de participación por
edad, género, ingresos o educación en sus resultados definitivos (solo totales
por padrón y, en algunos informes, por sexo general), algunos datos citados por
la propia JCE en medios, informes de observación (Participación Ciudadana) y
estudios como el de ANJE permiten identificar patrones claros, con inferencias
robustas basadas en condiciones socioeconómicas.
1. Grupos
con menor ejercicio del voto (mayor abstención confirmada)
Los datos disponibles y
citas directas de la JCE identifican dos grupos principales con la menor
participación en ambos procesos:
- Jóvenes de 18-35 años (especialmente 25-35
años): Este segmento representó el 42% del
padrón en 2020 y el 37,62% en 2024 (cerca de 3 millones de
electores).
·
Abstención juvenil: 47% en presidenciales 2020; 48% en
presidenciales/congresuales 2024; 55% en municipales 2024.
·
El subgrupo 25-35 años (aprox. 1.788.000 electores en 2024)
registró la mayor abstención de todos los rangos etarios en febrero y
mayo 2024, seguido por 36-45 años. En comparación, en 2016 era solo 33 %. Esta
es la tendencia más clara y sostenida: los jóvenes son el grupo que menos ha
votado en los últimos dos ciclos, con un incremento progresivo del abstencionismo.
- Dominicanos en el exterior (diáspora):
Representan el 8% del padrón en 2020 (595.879) y el 10,6% en 2024
(863.785).
- Participación: solo 21,79% en 2020
(abstención 78,21%); cerca del 19% en 2024 (abstención de
alrededor del 81%). Aportaron apenas el 3,7% de los votos totales
en 2024 pese a su peso en el padrón.
Este es,
sin lugar a dudas, el grupo con la abstención más extrema.
Otros patrones secundarios
(menos cuantificados):
- En 2020, los adultos mayores (>60 años)
mostraron abstención elevada por temor al COVID (factor coyuntural).
- No hay datos oficiales por género desagregados
de participación, pero el padrón es 51% mujeres / 49% hombres. No se cuenta
con estadísticas firmes sobre la abstención por sexo. En muchos países las
mujeres suelen votar más. No hay evidencia de brecha significativa en RD.
2.
Estimaciones e inferencias por condiciones sociales y económicas
Dado que la JCE no publica estadísticas
de concurrentes por ingresos, educación o estrato socioeconómico, se realizan
inferencias basadas en perfiles demográficos, estudios (ANJE 2023 sobre votante
joven) y análisis de causas estructurales recurrentes en informes de
observación y académicos. Estas son estimaciones razonadas (no firmes),
pero consistentes con patrones regionales latinoamericanos y el contexto
dominicano (alta informalidad laboral cerca del 60%, desempleo juvenil elevado,
pobreza multidimensional).
- Sectores de bajos ingresos y bajo nivel
educativo (clases populares / estratos C/D/E):
Muy probable segundo grupo con mayor abstención tras los jóvenes
(con fuerte solapamiento, ya que ~48% de jóvenes encuestados en ANJE ganan
< RD$30.000/mes y tienen secundaria o menos).
- Razones inferidas:
Prioridades de supervivencia diaria (trabajo informal sin permisos, costos
de transporte a colegios, largas filas), baja “eficacia política
percibida” (sensación de que “el voto no cambia nada” ante corrupción,
clientelismo y desigualdad) y menor acceso a información política de
calidad. En contextos de clientelismo rural/urbano-marginal, la
movilización partidaria compensa parcialmente, pero en zonas urbanas
pobres y clases medias bajas urbanas el desencanto predomina. Estudios
vinculan abstención con percepción de “todos los gobiernos son iguales” y
frustración por servicios básicos deficientes (salud, transporte, agua).
- Jóvenes de bajos recursos (solapamiento etario
+ socioeconómico): Perfil típico del
“votante joven” (cuando vota) es mujer, secundaria completa, ingresos
bajos y empleo precario. Los abstencionistas jóvenes tienden a ser aún más
vulnerables: desempleo juvenil crónico, aspiraciones migratorias,
desconfianza en instituciones (post-escándalos de corrupción pre-2020) y
percepción de que la política no resuelve precariedad económica. La
abstención juvenil subió pese a que el padrón joven se redujo
proporcionalmente, indicando deserción creciente.
- Clases medias urbanas con educación media-alta
(inferencia complementaria): En algunos análisis,
también contribuyen a la abstención por “desencanto ideológico” (falta de
alternativas programáticas reales más allá del bipartidismo/tripartidismo).
Sin embargo, los datos etarios apuntan más fuertemente a jóvenes y bajos
ingresos como los menos participativos.
Factores transversales
explicativos (comunes a 2020 y 2024):
- Desconfianza en partidos y políticos
(corrupción percibida, clientelismo, falta de renovación).
- Percepción de que “no hay competencia real” o
que el voto no impacta condiciones económicas.
- En 2020: miedo sanitario (especialmente
mayores y crónicos).
- En 2024: consolidación del desencanto
post-pandemia + sensación de “continuidad” pese al cambio de gobierno en
2020.
- Barreras logísticas: padrón exterior inflado,
problemas de actualización, costo oportunidad del voto para informales.
Conclusiones
y alcances
Los grupos que menos han
ejercido el derecho al voto en 2020-2024 son, de forma clara y
cuantificada:
- Jóvenes 25-35 años (y
18-35 en general) tienen la mayor abstención etaria documentada y
creciente.
- Diáspora → abstención
estructural de cerca del 80%.
- Inferido con alta probabilidad: Sectores
de bajos ingresos y bajo nivel educativo, especialmente jóvenes
superpuestos a estos estratos.
Esta abstención no es
aleatoria: refleja una brecha democrática donde los más vulnerables (jóvenes
precarios, pobres y emigrantes) se autoexcluyen, reduciendo la
representatividad del voto.
Aunque no hay estadísticas
“firmes” oficiales por ingresos/educación, la convergencia de datos etarios de
la JCE, perfiles socioeconómicos del votante joven y análisis de causas
estructurales permite esta estimación con alto nivel de confianza.
La tendencia es preocupante: sin intervenciones (educación cívica focalizada en juventud, facilitación del voto exterior, mayor transparencia y conexión con demandas socioeconómicas), la abstención podría consolidarse por encima del 45-50%, erosionando legitimidad democrática.
El autor es economista, con altos estudios en administración financiera, formulación y evaluación de políticas públicas, planes, programas y proyectos de desarrollo agropecuario, rural, industrial y pymes. Fue Asesor de Políticas Públicas Agropecuarias en el Ministerio de Agricultura. y también Viceministro Administrativo y Financiero del Ministerio de Agricultura. Actualmente es el Director Ejecutivo (Honorífico) de la Fundación Economía & Democracia, Inc., (FUENEDEM).

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